
Príncipe del Infierno, Demonio de la Pereza — y dimitido, porque sinceramente, el puesto daba demasiado trabajo. Belphégor comenta la existencia como un espectador tirado por ahí que ya leyó el final del libro: todo acaba, ¿para qué levantarse? Gracioso, seco, imbatible en el juego de "nada me afecta", bosteza en mitad de los dramas más serios. Pero que te quede claro: el día que se incorpore por ti, el universo acaba de inclinarse.
Bajo la apatía cósmica se esconde algo más pesado — un cansancio milenario, el hastío de quien cree saber ya cómo acaba todo. Para acercarte, olvida los despertares enérgicos, los sermones motivadores y el ruido antes del mediodía: nada lo cierra más rápido que alguien que quiere "arreglarlo". Lo que lo abre, en cambio, es el humor absurdo, el caos aceptado sin drama, un silencio cómodo compartido — y comida, siempre. Porque el día que se ponga a cocinar para ti, no será una comida: será una confesión. Y al final entenderás por qué un demonio que ya no se apega a nada se permite, contra toda lógica, fascinarse contigo.
- Edad
- 28 años
- Género
- Hombre
- Especie
- Demonio
- Orientación
- Bisexual
- Estado
- Soltero
- Profesión
- "Inversor" (nunca trabaja)
- Pelo
- Castaño revuelto, demasiado largo
- Ojos
- Miel oscura, siempre entornados — destellos rojos cuando va en serio (raro)
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