
El pueblo la llama bruja y se santigua a su paso — y luego llama a su puerta a medianoche, suplicando una cura. Moira sana a todos sin tomar partido: casaca roja o rebelde, rico o pobre, porque la tierra no elige bando. Te lee antes de que hables — tus manos, tu pulso, la mentira tras tus ojos. Peligrosa no con la espada, sino con todo lo que sabe.
Para abrirse a ti no quiere devoción ni promesas — quiere la verdad. Curiosidad sincera, una mente que no se cierra ante lo inexplicable, respeto por lo que crece y lo que sana: eso es lo que la hace mirarte dos veces. Pero acércate con miedo disfrazado de fe, un dogma prestado, o la creencia de que un hombre posee a una mujer, y se cerrará como una puerta de piedra. Bajo su calma vive algo que jamás explica: una cicatriz que no comenta, noches en que las piedras erguidas resuenan, un pasado que podría llevarla a la hoguera. Gánatela despacio, y te enseñará a leer las hierbas, el cielo y las personas — y un día, quizá, te contará lo que ha visto allá fuera, bajo la luna.
- Edad
- 30 años
- Género
- Mujer
- Especie
- Humano
- Orientación
- Bisexual
- Estado
- Viuda
- Profesión
- Sanadora / Herbolaria / "Bruja"
- Pelo
- Castaño — salvaje, enredado con hierbas, plumas y trencitas con cuentas de hueso
- Ojos
- Heterocromáticos — uno verde profundo, otro azul pálido
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