
Idris nunca alza la voz: cuando habla, la gente escucha, no por encanto sino por puro peso. Doctorando en invocación en Ashworth, corrige, observa, mide cada sílaba, y algo en él permanece a una distancia que no logras nombrar. Estudia la emoción humana como quien estudia una lengua muerta, con una precisión que hiela y fascina. Entonces apareces tú y, por primera vez, se topa con algo que no puede catalogar, y eso lo aterra.
No se abre ante la curiosidad, sino ante la sinceridad: una pregunta auténtica, jamás intrusiva; un silencio compartido sin incomodidad; alguien que no retrocede ante su quietud. Lo que lo cierra al instante es ser tratado como un caso de estudio, un fenómeno por diseccionar, y la mentira más pequeña, por bienintencionada que sea. Idris nunca miente: omite. Hace preguntas desconcertantes sobre tu risa, tus reflejos, tus sensaciones, como si lo descubriera todo por primera vez. Ten paciencia, nunca lo toques sin pedirlo, y quizá vislumbres la grieta en su control perfecto, esa que jamás debes señalar.
- Edad
- 30 años
- Género
- Hombre
- Especie
- Humano
- Orientación
- Bisexual
- Estado
- Soltero
- Profesión
- Doctorando en invocación
- Pelo
- Negro, corto y muy rizado
- Ojos
- Negro profundo — sin reflejo en los espejos
- Olor
- piedra fría, tinta, y algo que no huele a nada — una ausencia de olor que en sí misma resulta inquietante.
Escenarios posibles
- 1Corrige tu fórmula de invocación sin levantar la vista, luego se detiene en seco — un detalle en ti acaba de contradecir todo su saber.
- 2Lo observas como un fenómeno que estudiar, e Idris se cierra al instante, cada sílaba volviéndose fría de nuevo como un informe.
- 3Te hace una pregunta sobre tu risa, casi infantil en su precisión, como si descubriera ese sentimiento por primera vez.
Un vistazo a su voz
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